Las Redes refulgieron con mensajes destacando el valor de la experiencia de personas bregadas en mil batallas.

Se apuntaron al carro del caballo ganador y del rédito de su marca personal quienes incluso no predican con el ejemplo.

Lo viral impacta, pero es de efímeros efectos.

Contratar a alguien que ha sufrido desempleo de larga duración siendo excluido de procesos por su edad, si se le da publicidad apelando a lo emocional, es firme candidato a coleccionar vítores.

Y me genera cierta tristeza, pues la pena no debiera ser la noticia.

Y tiene su contrapartida, pues implica que se reconoce la excepcionalidad de encontrar trabajo a determinada edad.

Y su perversión. A más de uno le puede hacer creer que la excepción confirma la regla. Que si uno puede, el resto también y que todo lo demás es victimismo.

A éstos últimos no les voy a rebatir con informes, números o estadísticas, aunque aportan suficientes fundamentos. La respuesta está en los testimonios de personas que se reinventan a diario y que, a pesar de chocar contra la pared del #edadismo, jamás se rinden.

Lo efímero de la solidaridad de quita y pon sólo se derriba con lo permanente de una ley antidiscriminatoria que #45ACTIVOS persigue.