Toda discriminación te daña dos veces.

La primera se debe a la injusticia que se te hace. Es una herida íntima, que no sabes cuánto escuece hasta que la recibes. Como todos los dolores, es fácil opinar al respecto y decir lo que hay que hacer para dejar de sufrirlo. Otra cosa muy distinta es que te pase a ti. Los senior solemos tener esa experiencia alrededor de los 45 años, más menos 2. La primera vez que te pasa no te lo crees, las siguientes, aunque llueve sobre mojado, no dejan de doler tanto o más que la primera.

La segunda es un daño mucho más profundo y permanente. Cuado te discriminan por cualquier cosa y te impiden acceder a un empleo, lo que están haciendo es limitando tus posibilidades de vida. Así, sin más.

El trabajo tiene en nuestro contexto social un valor determinado. No todas las sociedades lo consideran igual, pero en todas existe el valor económico. Si te privan de ganarte la vida, te privan de vivir la vida. Podéis poneros todo lo ayurvédicos que queráis y decir que el trabajo no lo es todo. Ya lo sabíamos pero gracias. Lo que quizá no quieras ver, porque verlo duele aunque sea en piel ajena, es que cuando no tienes medios estás abocado a la supervivencia, y eso no es vida. Es una forma inferior de vida, que tu entorno se encargará muy pronto de hacerte entender que es lo que te ha tocado, que te aguantes y no des la brasa. Al fin y al cabo, y puedo prometer que esto me lo han dicho varias veces, «tu ya has vivido, ya tuviste, ya fuiste, ya gozaste, ya…».

Así, poniéndole fecha de caducidad al derecho de vivir plenamente es como vamos avanzando en esta sociedad en la que además, en el caso de España y a diferencia de los países anglosajones, sin duda por su trasfondo protestante, el trabajo todavía tiene un componente de «gracia», de favor que te hacen los señores feudales al dejarte arar sus tierras y que te lleves unos kilos de cebollas a casa. Ellos venderán la cosecha y saldrán a cazar unos faisanes.

Para un inglés o un norteamericano, el trabajo es dignidad, es un derecho. Y pobre del que se arrogue la potestad de quitártelo. Esa es una de las razones, entre otras, por las que ellos discriminan menos por edad. Es más, la experiencia en paises como Alemania, con una formación dual potente que les ha puesto a la cabeza de muchas cosas en el mundo, es algo que suma, y mucho. Además entienden que en general y salvo casos excepcionales, la experiencia llega con los años de ejercicio de una profesión, de manera que los senior enseñan a los junior, cobran por hacerlo, y los junior sienten admiración y respeto por sus maestros.

Aquí lo normal es que buceando por las redes sociales te encuentres con que personas de 30 o menos se presentan como maestros, consejeros y consultores. Un despropósito basado en el postureo, en la marca personal, y contra el que parece ser que ya no se puede hacer nada, porque a ver como les dices que no, que a lo sumo son aprendices, y que ya les llegará el momento. Lejos de eso, los empresarios propician la canibalización entre generaciones, devaluando la experiencia y eso si, quejándose amargamente de que no hay talento. Igual lo que no hay es seso ni vergüenza.

El edadismo mata por que te quita la posibilidad de vivir dignamente. Luego tambien mata porque en muchos casos, según sea la caída y los apoyos que tengas, igual borrarte te acaba pareciendo una buena idea. Es así. No hace falta que te guste, ni siquiera tienes que estar de acuerdo. Los datos, la evidencia empírica es clamorosa y ya no se puede seguir ocultando.

Todo está dispuesto para que no le importe a nadie. Los que conservan su trabajo se persignan cuando se cruzan contigo, sabiendo que a ellos puede tocarles en cualquier momento. Los jóvenes mileuristas, trincan sus mil euros, mientras sus padres caen en barrena y no se les ocurre salir a la calle a protestar por nada. Cada vez más «Cocooners», cada vez más aislados en las redes sociales, cada vez más posturillas en la mayoría de los casos vacías de contenido, porque es que tampoco se les está dando acceso a la sabiduría acumulada. Está por ver si la querrían. Los que acaban de caer en el edadismo creen que lograrán salir, y por eso nos miran a los que alzamos la voz como anormales bichos raros que estamos dañando nuestra marca personal. Estos ya vendrán, aunque la verdad es que sería mejor que estuviesen ya en el lado de la reivindicación , porque sus probabilidades de escapar de la muerte civil que supone el edadismo, son directamente proporcionales a la cantidad y calidad de sus contactos. Es en momentos como los que vivimos cuando esos contactos te dicen «no tengo para mi, voy a tener para ti».

Y mientras tanto los políticos a por uvas. Mirando aquello que les da rédito electoral, aunque puede ser que además sea de justicia, como en el caso de la renta mínima, pero es que no era eso sus señorías, no era eso…

El edadismo dejará de matar cuando se acabe la discriminación para acceder al empleo y por lo tanto a una vida digna. Mientras tanto, la lucha continuará, porque señores, señoras, señorías, el #EDADISMOMATA.