LA CIGARRA Y LA HORMIGA

Tantos años de prestado en este planeta, evoluciones e involuciones mediante, se reducen a cigarras y hormigas.

Las hormigas necesitan de las cigarras para mantener su estatus. Las cigarras desean ser hormigas, pero hormiga se nace y, a veces, se hace. El “a veces” es el “si quieres puedes”, una esperanza de ascenso social y pertenencia de clase que las hormigas mantienen viva por conveniencia. Suficiente, por hoy, para acallar cualquier desánimo o tentativa de lucha.

Pero el ascensor no siempre te sube de planta, no al menos con la asiduidad que a las hormigas les permite no perder el control. Es entonces cuando volvemos al cuento de la responsabilidad individual y la culpabilidad, el no hacer lo suficiente o ignorar el cómo.

Los miles de matices no cuentan, se convierten en fracaso. Sólo valemos para hospedar y servir cervezas a las hormigas en nuestros chiringuitos de playa. Si estás desempleado algo habrás hecho, no importa si por tu edad ya no te quieren porque puedes no ser dócil o exigir un salario acorde con tu experiencia.

Y, si huelen el peligro, las hormigas nos contentarán con su limosna y soltarán a las cigarras convertidas a su fe que harán apología: éxito y liderazgo, constancia y perseverancia… para aletargarnos.

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